jueves, 12 de octubre de 2017

Telarañas

De aquel amor tan grande y hermoso. 
De aquel amor tan entrega, tan soytuya, tan si envejezco alguna vez, que sea contigo. 
De aquel amor, con el pensamiento, la emoción y las canciones. 
De aquel amor, ya sabes, tan nunca jamás, tan para siempre. 
De aquel amor tan solitario, tan individual. 
De aquel amor que sólo sabe quien lo tiene. 

De aquello, de la cárcel, de la cueva, de los escondites. 
De aquello, de no ser sincero, de no saber qué era el respeto. 
De aquello, del lastre, del peso, de las suelas pegadas al suelo. 

Se me ha quedado esto. 
Unas alas. 
Las tripas por fuera. 
El rocío. 
La receta de antidepresivos en el monedero.
Amar las tardes. 
Echar de menos.
La vía láctea entre las tetas. 
Un agujero muy negro. 
Unas alas. De nuevo. 
Un entierro. 

De aquel amor, de aquello, se me ha quedado esto. 
Un poema que no termina, 
que no empieza, 
que siempre está en medio de todo lo que emprendo. 





martes, 10 de octubre de 2017

Confirmo

Dime que un día sí. 
Que un día ya no seré un racimo de algas. 
Dime que un día sí. 
Que un día ya no seré siete millones de lágrimas cantando con Quique si es mi amor en vano
Dime que un día, pronto, luego, me temblará el corazón con otros ojos, con otra barba. O no. 
Dime que sí, que yo sí, que después, que volveré a recuperar lo que. 

Y no. 
Ya sé que no.
Que puede que sí. 
Con esta cicatriz que empieza en el pelo y termina haciendo eses en los dedos de los pies. 

Dime que un día sí. Que lo que quise y no tuve un día dejará de meterse en medio de las piernas, de las cejas, de la línea entre las paletas. De aparecerse en los folios sucios de la impresora, en la botella de agua que llevo cuando corro, en medio de.

Joder. 
Y que. 

Dime que logrará bajar por el estómago y atravesar el túnel de la traquea esta puta sensación de soledad que a veces, oh sí, sólo a veces, viene y se queda y me acompaña y canta las canciones que quiero cantar sola sin tu asquerosa cara dando vueltas por la lámpara de la habitación, por el sofá, por la ducha, por las sábanas, por la camiseta de lunares azul. 

Dime que un día sí. 
Que un día ya no. 

domingo, 8 de octubre de 2017

Nada es

Y otra vez el derrumbe de lo que parecía ser. Otra vez la realidad abierta, desnuda, delante. 
Me muevo por el mundo creyendo algunas cosas. No son cosas que pienso a menudo, incluso ni siquiera una vez al día. Pero son esquemas sobre los que mi cuerpo se mueve. Habla, cuenta, siente. 

Hoy se ha caído mi percepción de la relación con mis padres. Yo creía que. Yo pensaba qué. Yo intuía qué. Es lo que veía. Pero ay, qué sabré yo del filtro con el que percibo. Qué verdades me cuento que, de repente, estallan desde el centro. 

Una palabra, alguien que te cuenta, un malentendido, una conversación que ocurre cuando no estás. Y todo por los aires. Y la mente se disloca queriendo encontrar tierra firme. Si esto no era, a ver si va a ser lo contrario. Pero no, tampoco es eso. 

Lo erróneo es volver a poner un esquema. Uno distinto. Y volver a movernos. De verdad que siento que no es eso, que no es por ahí. Que la verdad se mueve, que no hay nada permanente, que una creencia es mentira desde el momento en el que nace. Tantas etiquetas, lo que está bien, mal, regular, respetar, entender, comprender. 

Da todo igual. Las cosas van a seguir cambiando. Las cosas. Ja. Como si hubiera cosas. Sólo hay percepción del mundo en el que nos movemos. Siete mil millones de percepciones. ¿Qué ha pasado hoy en mi casa? Éramos diez. Apuesto a que han pasado diez cosas diferentes. Y todas son verdad aunque yo, yo, yo, yo diga que la mía es la más real. 

Y lo es, desde aquí. 
Si escribe mi padre la verdad es otro. Y mi madre tiene una más allá. Y las cuñadas y los hermanos. Y la sobrina. 

Casi nada es real. Me apoyo en verdades que sé que son mentira. Porque a veces parece que no podría vivir sin ellas. Tal vez podría. De hecho quiero saberlo. Moverme por el mundo sin creencias, cada vez menos películas. Y observar a cada cual con su sombrero.

Y ya. 


sábado, 7 de octubre de 2017

kjhdjkhañkjhcdsajkñh

Echar de menos lo que no. Sacar las vísceras al mundo, gritar cantando la primera canción que suena en la radio. Saltar. Querer llegar a la luna, volver, llegar de nuevo. Morirme. 

Echar de menos como una loba. Rugir. Rugir y dar hostias en los muros y ascender una montaña en un segundo. Quedarme allí en lo alto de la cima y esperar que el cielo me responda. Que me diga por qué cojones aquello no. 

Echar de menos y su puta madre. Estamparte contra la puerta, cogerte del cuello y zarandearte tanto que no te quede un jodido diente alrededor del paladar. 

Echar de menos lo que no. Gritar otra vez. Morirme varias veces en los últimos meses. O años. Lustros. Cuarenta y dos años ayer y no se te ocurrió aparecer. 

Echar de menos lo que no. Y querer que sí. Con otro. Con otro. Con otro. Olvidar a presión, desmemorizar lo que me pasó. Entrar en coma. Tres meses y medio y despertar pidiendo un vasito de agua para poder tragar lo que no amaneció. Con tu mierda de palabras suaves sacando porquería del vertedero que llevas dentro. 

Echar de menos, de más, de en medio, del todo, de la nada que se quedó. Malditas promesas, mentiras, estar tan alerta, no cerrar los ojos, arrancarme los párpados sin dejar de mirar allí, a mañana, a después, a aquel octubre, a abril. 

Echar de menos lo que no. Y morirme como si hubiera sido que sí. 



Ben-hur y ese estilo de películas

Sin que nadie me nombrase como tal, un día me convertí en directora de cine. Y guionista. Y productora de historias para poder dormir. Inventé por ejemplo, una tragicomedia donde salíamos tú y yo. Me refiero al 'tú' que nunca fuiste tú en realidad. Pero llevaba tu barba y tus tejanos y tus zapatillas esas tan viejas que tan poco me gustaban. 
Y allá que íbamos ese no tú y esa yo de protagonistas insaciables. Verás como en la segunda parte de la peli acaban casándose, decían en las redes. Pero yo no me vestí de blanco y tú, bueno, tú siempre ibas de negro. Sin pajaritas en el estómago. O mariposas. O mierdas parecidas. 

Me podrían haber dado el Oscar. Deberían. En cualquier caso yo misma me lo concedo. 
Mejor película de terror. 
Mejor comedia. 
Mejor drama. 
Mejor suspense. 
Mejor película alternativa. 

Tiene cojones que nunca me quisieras de verdad verdadera y yo me inventase cada tarde todas las razones que justificaban que sí, que seguro que sí, aunque no. 

¿Recuerdas? Fuiste un hombre tan volcado en su trabajo que bueno, en fin, ya tú sabes. 
Luego fuiste alguien que no podía cerrar su antigua relación.
Luego un hombre al que, de pequeño, le hicieron sufrir y entonces, oh, sin querer, repetías aquel patrón. 
Luego fuiste un hombre que sí, que claro que amaba, pero por dentro (?¿)
Más tarde un don juan en medio de un proceso de amor propio. 
Y un individuo que necesitaba vivir más cosas y formarse y construirse para poder amar(me). 
Recuerdas cuando probaste otras mujeres para comprobar si...? 

¿Sabes lo que es tener una relación con un invento mental? Es fascinante. Peliculón. 
Y debería existir algún premio de consolación, al menos, a los directores que tanto se lo curran y que al final no consiguen estrenar el bodrio en ningún rincón. Me lo pido. Me pido la consolación. 
Y me la doy, de hecho. 

Me doy el consuelo. 

Y ya estoy mejor.