lunes, 11 de diciembre de 2017

Demasiado

Qué bonito es estar solar, tanto tiempo, tanto control, tanta decisión. Qué bonito es estar sola, comer cuando quieres, dormir sin que nadie moleste, tocarte, mimarte, peinarte. Qué bonita la casa ordenada, el lavabo limpio, el armario lleno. Qué maravilla el cielo sin pájaros, el océano sin barcos, el universo sin el planeta tierra amontonando mierda. Qué ilusión que las tardes enteras te pertenezcan, y claudiques sólo ante las manos propias, la mirada íntima, la honesta percepción de un sólo cuerpo lleno de raíces y alas. Qué bien el espacio. Qué bien el silencio. Qué bien terminar un libro y conversar con nadie contándole qué tal, yo cambiaría el final. 

Y entonces un desierto rodeando un oasis. Ballenas llegando a la isla. Una tabla de surf rompiendo la inmensa ola. Entonces la encimera llena de cosas, el frigorífico vacío, la cama pequeña, la ducha con demasiados pelos cortos. 

Y un alma asomándose al sol entre los barrotes de una celda.

Primavera

Al salir de los pirineos han abierto las fronteras. Apenas dos pájaros medio muertos guardan cola en la aduana donde ya no quedan banderas, ni barreras bajando a la altura de la traquea. 
Antes, cuando el frío y el invierno y los ratos gélidos, construí sin saberlo quinientos metros de muralla. Ya sabes, el titanio, el hierro, el hormigón alardeando de abrigo. 

Luego, sus ojos y todos los lugares del mundo donde no crece el hielo. Canarias, el caribe, los mofletes, un bizcocho subiendo en el horno. Agosto. 

En las afueras del deshielo hay ahora un trocito de carne viva. Un ciervo joven, una loba que amamanta a sus crías. Osos. Renos dispuestos a tirar de un corazón encima de un trineo. En la superficie de la nieve el sol me desdibuja, una estatua se borra y las lenguas de las diez serpientes que le habitan las manos envenenan la piedra de la que estaba hecha. 

Soy, ahora, menos mundo quieto y más tierra llena. 
Han abierto las fronteras y hay espacio para que un corazón se divierta. 




sábado, 9 de diciembre de 2017

Ese silencio volcánico

Del volcán sale un montón de silencio ardiendo. 
Si me callo puedo escucharme mejor que nunca. 
Nítida. 
Transparente. 
En silencio tú otra vez. 
El piano de esa canción, los libros en la mesita, el sueño que tengo, lo poco que descanso. 
En silencio mi ruido y yo. 
Todos hablando, la radio, el spotify, dos niños jugando, el teléfono preguntando a qué hora quedamos. 
Cuando estoy con él tú callado. 
Cuando estoy callada, tú gritando. 
Vienes. 
Luego no estás. 
Y vuelta a empezar. 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

¿qué está pasando aquí dentro?

¿Será así siempre? 
Como si supiera yo el tiempo que cabe en el 'siempre'. 
Es incómodo. No me acostumbro a que ocupes dentro tanto espacio y aún así albergar un planeta entero para que otra barba se cuele. 
Estás, siempre estás en mí. 

Beso, amo, cuido, admiro. 
Pero tú no te has ido. 
¿Será siempre así? 
Es incómodo. Por eso quiero hacer algo con todo eso. Como si fuese posible arrinconarte, no acordarme. 

A veces creo que un día, cuando los dos nos hayamos muerto, nos buscaremos. 


lunes, 4 de diciembre de 2017

De qué hablo cuando no digo nada

Y así, sin pensar en que no debo pensar, fui sacándome la carrera. Obtuve mucho tiempo libre, dentro me refiero. Campo abierto, espacios, huecos. Tú sabes la de horas que empleé en decirme que debía crear espacios, huecos y campos abiertos. Pues eso. Hasta que dejé de hacerlo. Me dejé verdaderamente en paz. Dejé, en dos palabras, lamentos y crítica. No más. 

No estoy diciendo que no piense en ello. Mi cerebro crea cosas, sin cesar. Cosas y más cosas. Pero mi atención, aunque esté ahí, ya no se cree nada de lo que escucha. Soy la misma, aunque ahora soy más grande. El juez, el censor, los llevo dentro, están en mí. Pero no son lo que soy yo. 

Y así, sin pensar en que no debo pensar, fui sacándome la carrera. Sin tener que correr.