viernes, 18 de agosto de 2017

Movimiento

Decía Bukowski no sé dónde ni en qué estado de enajenación mental que encuentres lo que amas y que dejes que te mate. Primero tendría que saber qué cojones es el amor. Y qué es lo de la muerte. ¿Quién va a morirse? ¿Quién está amando?

Me siento infinitamente fragmentada en trocitos pequeños. Tengo la certeza de que si viniera un vendaval, qué digo un vendaval, un pequeño soplido de un recién nacido, echaría a volar posándome en las ramas de los árboles, en la mesa de madera de al lado de la barbacoa, en el chinarro de la casa de campo, en los capós de los coches, en los párpados de los perros negros que deambulan por mi calle. 

Trocitos que hablan y dicen cosas. Si pudieran prescindir del lenguaje se ahogarían en el espesor del cielo azul que a veces veo. Como las nubes negras que amenazan con tormenta y que después son, por fin, la tormenta. 

Si pudieran estar en silencio. 

Pero yo no sé lo que es el silencio porque en modo atronador todos los trozos gritan y se pelean y se divierten. Tal vez la ciencia diría que esto es un síndrome de la personalidad disociada o cualquier otra etiqueta que mermara la rabia. Da igual que le pongas un nombre a todo lo que sucede. No importa el título ni los créditos. Mi historia está llena de árboles y flores y plantas que conforman una flora infinita: La que escribe.

El dolor y el cansancio y el sudor de las sienes viene cuando uno de los trocitos quiere aniquilar a los otros. Cargarse el verde de las hojas de la esquina porque no queda bien con el resto. Arrancarle la copa al árbol más alto del bosque porque da demasiada sombra. Lo que se le ocurra en un mediodía de viernes. 

No amo los trocitos. Bukowski diría que por eso nunca van a poder matarme. Al contrario, hacen de mi, naturaleza viva. Que se congela y a la que se le caen las vértebras, y a la que le salen flores y a la que la traspasa el calor. Invierno, otoño, primavera, verano. Y viceversa. 










jueves, 17 de agosto de 2017

Turnedo

Desde el retrovisor las veía mover los labios mientras miraban por la ventanilla hacia vete a saber dónde. 
Siempre que las llevaba en el coche de compras, a por helado, a solucionar alguna de mis cosas de mayores, me pedían que la pusiera. Le daba voz y la cantábamos juntas. Juntas y fuerte. Muy fuerte. A veces las cuatro (las mínimas veces), otras sólo la mayor, otras la más pequeña, o la de en medio. La penúltima sobrina es la que menos veces la cantó, porque se fueron a Madrid, porque nos veíamos poco, porque cuando nos veíamos en su casa apenas cogíamos el coche.
No tenían ni idea de qué quería decir la letra. De hecho, aunque luego para mi fuese una de las que he gritado mientras lloraba desconsolada poniendo especial hincapié en alguna frase suelta como si fuese a morirme cantándola, la letra es lo menos importante. 
Hace apenas unos meses, en esta casa donde vivo ahora la volvimos a recordar. La buscamos en internet y las grabé cantándola. Luna le hacía trenzas a Alba. María dibujaba y Ada gesticulaba en las palabras. 

Hemos decidido tatuarnos el título.

Turnedo es nuestra. 


martes, 15 de agosto de 2017

SOS (salvar o salvarme)

Pensé en abrir un canal en youtube para extender mi sapiencia por el mundo. 
Jajja Es que me meo.

Pensé también, el otro día, que la gente necesita saber y conocer cosas que no sabe ni conoce y que oh, yo puedo ser la persona que se lo muestre. Pensé incluso en definir mis conquistas y no generalizar, ir uno a uno, salvando al prójimo de los desastres en los que anda metido. Almas perdidas, venid a mi, a esta o ene gé que no te cobrará por sacarte del infierno. Cómo puedes no darte cuenta de que las cosas son así. Ven, que te lo voy a explicar. Menos mal que me tienes a mi. 

En el espejo los ojos marrones y grandes y profundos que me miran cada mañana se descojonan de mí. Tienes delante a un ser humano con el pelo castaño, arrugas donde antes no había nada. Ven, acércate, me dice la cabrona, acércate que te voy a enseñar a vivir mejor. Eres el destino de todos los caminos. Ya sé que hay gente rondándote que parecen no tener ni idea de nada y vivir infelices y llorar por las tardes. Y correr despavoridos a por las vacaciones, a por el fin de semana, a follar los sábados emborrachándose un poco antes. Ven. Lo sé. Los hay. Pero sólo tienes uno de esos en los que puedes trabajar de verdad. Que tiene todas las herramientas necesarias para que crezcas y tires las hojas secas de lo que ya no sirve. Eres tú, la que tiene ojos marrones y arrugas donde antes no había nada. Ábrete un canal de youtube si quieres y exprésate todo eso que quieres decirle al de enfrente. Hazlo. Hazlo si es que se te mueven las tripas cuando crees que los otros necesitan la ayuda que no te han pedido. Hazlo. Te grabas en video y luego le das al play para escucharte y aprender. 

Sólo hay un motivo por el que 'ayudar' a otro es benigno. Que te lo pida. Que te busque pidiendo expresarse y abrirse y mostrar todo lo que le arde. Ahí, entre ambos, entre ambos, repito, entre ambos, busquemos caminos para que la incomodidad interna no (nos) duela tanto. 

A veces la gente tiene que poner en google 'cómo mejorar el malestar que siento que me quiero morir ahora mismo y no sé cómo hacerlo'. Es cierto. Buscamos en google y en youtube a aquellos que ya se despojaron de lo innecesario y que lo cuentan de buen agrado. Pero tú no eres eso. Tú te acuestas aún con una mente alborotada que se pelea con su sombra. Eres tú la que necesita ayuda aunque a veces creas que son los otros. 

Es normal, de alguna manera tendrás que aparentar que te salvas de la quema. Si yo sé 'más' es que hay uno que sabe 'menos'. Y así puedo descansar un poco en la incomodidad personal. Hay otros peores. Como si esto fuese un concurso. 

Ven, abre un canal de youtube si quieres. Expón tus certezas y cuenta tus historias. Con un poco de suerte habrá alguien que te encuentre y escuche tu voz interior gritando '¿alguien puede ayudarme'?


domingo, 13 de agosto de 2017

Verlo todo azul


Entendí que al amor que me habita le da igual lo que te habita a ti. Entendí que era independiente de lo recibido, lo visto, lo escuchado. Sentí que era una parte de m... sentí que yo era eso. 

Luché por arrancarme las células enamoradas. Ansiolíticos. Bares, algo de cine, muchos libros para entenderlas y aprender cosas nuevas. Nueva gente, otro escenario, cambiar de trabajo, no mencionarlas, hacer como que no existían, darles otro nombre, empezar a correr. 

En cada una de mis tareas el objetivo era aniquilarme, aunque creyera que lo hacía por mejorar(me). 

Entendí que soy eso. Que es absurdo luchar contra mí y salir ilesa. Vencí, claro. Y perdí, también. 

Entendí que la lucha es cansada e innecesario. Me convertí en el ring en el que dos opuestos pelean por la hegemonía en la rutina de una vida. Y que es horrible pasarse todo el día con los guantes puestos dando hostias a diestro y siniestro. 

El amor es conmigo. Me lo llevo puesto a todos los sitios.

No.

Es él el que me lleva puesta a todos sitios.

Hay algunos pájaros en mi cabeza que cantan que es una putada. Con su pío pío incesante. Pero al cielo le da igual el canto de los pájaros que vuelan en él. Pues eso. Exactamente igual. 

jueves, 10 de agosto de 2017

De los errores se apr... se muere

Un paso más y me llaman del guinness para inscribirme como el ser humano que más errores ha cometido desde que poblamos el planeta.  

Debajo iría mi foto con las cicatrices que atesorarían que el record es oficial, probado y comprobado. 
Entre las imágenes que demuestran las hazañas, un calendario con seis años desperdiciados detrás de un soldado raso que se anunciaba como capitán del reino de las flores y los amores para siempre.

Un felpudo con forma de mujer. Yo.

Mis mazas y cintas con los que hiciste malabares mientras, volátil, te decía cuánto te amo vida mía
Las trece mil líneas de salida desde las que me despedía cual doncella entre los mares sacudiendo la mano fingiendo un adiós duradero aunque por la tarde te llamara para ver qué tal estabas.

El ruido.

Y el llanto. Dos océanos a punto de desbordarse y soltar el agua por la vía láctea, sin centro de gravedad, sin control, llegando incluso a colisionar con Andrómeda y sus alrededores. 
La grieta de este corazón que como ya no existe, no podría aparecer en el libro. Como ejemplo valdría una foto del cráter de Kara, en Rusia, 300 km. de diámetro.

Nunca me ha gustado airear mis victorias y logros, por eso he decidido quedarme quieta, no dar el paso llamándote para decirte cuánto te echo de menos vida mía